en el principio fue la palabra
y las palabras siguen tocando
desde papeles en la memoria
signos sobre la piel de los días
manos que hablan de cierto viaje
intentando descifrar el mundo
atravesando los calendarios
llegando como pequeño oleaje
hasta los oídos del corazón.

Alejandro Alvarez Durante
alegad@gigared.com






El barquero

Un buen día quizás, un barquero
se lanzó tras el mar del recuerdo.
Era un barco pequeño en el tiempo,
pero había fe,
pero había un raro resplandor en sus ojos,
pero había un místico afán de porqué
–pero había fe–.

Una dársena es sólo una entraña.
Mar de invierno es tal vez la mañana.
Barco chico es quizás alma clara.
Y aunque haya fe,
y aunque haya un flujo de mundo en mi frente,
tanto se hunde mi rostro en la gente,
que ya no sé.

Ya me canso de tanto hablar,
si está dicho todo hasta el fin.
¿Qué más ruido que el de escuchar
de la vida todo el trajín?

Tanto espacio entre mi voz
y el oído que ha de esperar.
Nada tengo que decir yo.
Miren todo y me escucharán.

Un buen día quizás, un barquero
se lanzó tras el mar del recuerdo.
De su barca, entre grito y silencio,
aún no se sabe
cuál de las tantas ha sido su suerte:
si halló la vida o se fue con la muerte,
o simplemente se perdió.

Silvio Rodríguez
de su disco Érase que se era, 2006






música del arcanauta

Sonideras, Lilián Saba y Nora Sarmoria
Cuatro manos para volar



El placer de la búsqueda. Eso motoriza a estas dos pianistas que unen sus manos en beneficio de la música. Porque Lilián Saba y Nora Sarmoria son dos de las más relevantes compositoras que ha dado el instrumento en los últimos tiempos.
Ancladas al preciosismo de su formación clásica, ambas han forjado sendos lenguajes propios para un pianismo que se podría reconocer cercano al folclore –sobre todo por su riqueza rítmica–, pero enriquecido por otros discursos musicales más relacionados al free jazz o al bossa nova. En este Sonideras (2001, producción independiente), se unen los aires folclóricos aportados, en su mayoría, por Lilián, con los sonidos que Nora se reserva para otras músicas del mundo.
Un clima intimista para un mejor vínculo con las teclas y un delicado trabajo armónico, crean la atmósfera para esta producción, donde conviven composiciones de las dos cuidadosamente seleccionadas y ejecutadas –en varias ocasiones– a cuatro manos. El mago (dedicada a Hermeto Pascoal) y Con el río lejos sobresalen entre las obras de Saba; Tu-ya y Milonga cromada son puertas de entrada al rico universo musical de Sarmoria. Todo con la intención exploradora que caracteriza a las artistas, en un disco donde aparece el estado de madurez al que arribaron con sus caminos solistas.
Este es uno de esos discos donde se puede escuchar la ausencia de fronteras entre la música popular y la clásica, esa posibilidad que cultiva una camada de jóvenes compositores argentinos. La creación de texturas, la libertad armónica, la diversidad rítmica, gestan desde chayas hasta candombes, huaynos o tangos. Y allí, a modo de regalo para una maestra compartida, aparece una imperdible versión de La diablera, donde Sarmoria luce no sólo su voz sino su particular modo de decir, y Lilián colorea con su percusión: todo un gesto para Hilda Herrera, a través de la zamba que compusiera con Nella Castro. Para disfrutar sin ataduras.

Gabriela Redero
shagradasantafe@yahoo.com.ar






Los que iban cantando

Los que iban cantando tan de mañana,
iban al río,
rato se oyó su canto por el camino.

Los que dormían no lo sintieron
pero ese canto abrió puertas, ventanas, cielos
del corazón, cerrados.

Por entre el sueño
sólo era alegre,
sola la voz en el viento.

De aquel confuso canto,
voces mezcladas,
no se pensó en las bocas
que lo cantaban.

No, no se pensó.
Pero ese canto,
voz en el viento,
tan de mañana,

sólo era un canto
por el camino de madrugada.

Circe Maia y Jorge Lazaroff






Porque es preciso subvertir las formas,
porque aún creo en la alteridad,
porque se impone maciza la necesidad
de combatir levedad con terrena espesura,
porque el vacío nos conducirá a alguna parte
y de la nada algo debe surgir,
porque el agua, si está estancada, se pudre
y en vida revierte, en cambio, si fluye,
porque hay que escapar al ser impersonal
y romper la condena de tiempos perdidos,
debemos ser conductores de sueños,
abridores de puertas,
artesanos de mundos.
Y ser guía de los caminos más largos
y ser cómplice en los nuevos deseos
y espíritu de los cuerpos inertes
y ser savia de incipientes quimeras.
Porque la quietud imperante me hace llorar
y porque estoy cansada de derramar vanas lágrimas,
nace un nuevo deber a mi generación:
el deber de recrearnos hombres.

Ailén Heredia
en El Regalador Nº 224






Sobre las posturas éticas en la vida cotidiana

Cuando una persona toma una decisión no guiada por la certeza o el capricho, sino por una convicción y además asume sus consecuencias, aparece un responsable y se produce un sujeto.
Hace un tiempo, durante una estadía en un lugar cercano a Esquel, ocurrió un episodio de la vida cotidiana que me permitió comprender ciertas relaciones entre el acto y la ética. Una mujer llamada Rosa, se encontraba trabajando en ese momento como mucama de las cabañas en que nos hospedábamos. Al preguntarle como había llegado hasta allí desde un pueblo remoto, me cuenta que arribó tentada por un contrato de trabajo como cocinera de una mina de oro cercana a Esquel, pero al enterarse de que en esa mina se usaba arsénico para extraer el metal y que ello producía consecuencias indeseables en la salud de los operarios y la gente del lugar, decidió renunciar al contrato y tomar el trabajo de mucama por el cual ganaba cuatro o cinco veces menos.
Al oír esto la felicite. No se me ocurrió otra manera de reconocimiento para lo que estaba oyendo. A lo cual me responde sorprendida: “Es lo que tenía que hacer, cómo voy a trabajar para los que enferman a la gente, primero dudé un poco pero después me dije, lo que es no, es no”. No dio más explicaciones y siguió hablando de otro tema. A partir de ese día esperaba a Rosa con cierta ansiedad para escuchar sus frases concisas y agrestes que me mostraban a una mujer que estaba donde pisaba.
Me quedé pensando en ese “no” que no se sostenía ni en un mandato superyoico, ni en una predicación moral acerca del bien y del mal, o en una ideología que llenara la causa de sus razones. Era por el contrario un “no” que se sostenía en la fuerza de la confianza en su decisión, un “no” sostenido en el “no”. Este hecho me permitió conjeturar algunas cuestiones en relación a lo que ocurre cuando una persona toma una decisión no guiada por la certeza o por el capricho, sino por una convicción (en este caso que el otro en tanto prójimo es más valioso que el dinero), y además asume las consecuencias de esa decisión.
Cuando esto se da hay allí un responsable y en tanto tal se produce un sujeto. Este responsable lo entiendo no como la persona que llega a una conclusión fruto de elucubraciones acerca de lo que y como hay que ser. El sujeto responsable es el que resulta del momento de concluir en una toma de posición ante los hechos con que lo confronta la vida, el que queda implicado en la medida en que declara lo que quiere en su propio nombre, sin esperar autorizarse en el saber y las garantías del Otro. El sujeto responsable es correlativo a la ética que interesa en psicoanálisis.
Pienso que si esta mujer podía transmitir que tenía más para decir acerca de lo humano, esto fue posible porque sus palabras no tenían la intención de pontificar o enseñar a vivir. Podemos considerar entonces, que cuando la relación al otro se caracteriza, porque se admite en principio, que hay una dimensión en ese otro que está irreductiblemente fuera de nuestro poder de educarlo, transformarlo o gobernarlo, es que a ese otro se le ha dado el estatuto de prójimo.
A esto es a lo que llamo también una posición ética: al resultado de un hacer que pone entre paréntesis lo que “se debe ser” y “el cómo ser”, en fin todas las imposturas propias de la desesperación narcisista por ser valioso para el Otro, y todas las imposturas a que llevan el creerse poseedor de una verdad, o predicador de ella. Un acto que define a una ética no es calculable ni aprehensible, si podría decir que quien no se ha aliviado de tener que ser tal o cual cosa y de tal o cual manera, tiene pocas posibilidades de hacerle lugar al hacer, en tanto acto en el que el sujeto este representado y puede sostenerse.
En estas reflexiones va también mi gratitud a alguien que pudo conmoverme y a quien pudo decir “no”, cuando fue necesario.

Miguel Ferrero
Psicoanalista - en Rosario/12 (20/9/2007)






El mundo así

El mundo así, tal cual, y nuestra hora.
El mundo así, tal cual, esta hora nuestra
tal cual el mundo así, no lo que espera
uno que el mundo sea, no otra cosa.

Qué difícil, uno lo que quisiera
es la quimera de uno en otra hora
más buena. O la línea divisoria
trazar entre su mundo y el de afuera.

Pero uno en lo que es, es todo el mundo
así como es, tal cual, sin retaceos,
sin distancias, sin tregua entre segundos.

Más acá de los meros merodeos
por tanto falso escape, late el pulso
de lo que es, de esto que somos: Uno.

Héctor Martín Rotger
rotgerhm@arnet.com.ar






Las hamacas de Firmat

Se mueven solas las hamacas en la plaza, se hamacan las hamacas, pero sin niño montado, sin niña, sin madre o padre que las empuje, se diría que sin propósito.
Un hombre detiene el baile de una de las hamacas para sacarle una foto, la hamaca, diligentemente, reanuda su balanceo. Las filman, las miden, las huelen, las vigilan. Las hamacas se siguen hamacando a si mismas, sin niño visible, sin mano fantasmal. Sólo se cantan quedo a sí mismas mientras transcurren los espantos, los asombros y las indiferencias. Salen por la televisión, hablan de ellas en la radio, veo la noticia al abrir mi correo en internet.
Las hamacas de Firmat se hamacan, se hamacan, y no saben que se hacen famosas.
Probablemente, se sienten solas. Y no es la Virgen que se aparece en una mancha en la pared, no es el Jesús que sangra en un altar ni los pasos en la escalera donde murió, y aún no lo sabe, el abuelito.
No, las hamacas no tienen ningún mensaje. Al menos el mensaje no es evidente. Qué puede significar un juego infantil que se juega a sí mismo.
Qué quiere decir esa ausencia de niños en esas tres porfiadas hamacas de Firmat. Ellas no lo dicen. Se mueven hacia atrás y hacia adelante. Es el único lenguaje que poseen, efectúan su signo incomprensible, empeñosamente, dibujando una y otra vez tres pequeñas curvas en el aire que no guarda escritura.
Un anciano se acercó el otro día en el geriátrico, y me dijo con enorme convencimiento algo que no pude entender. Le dije que si, que si, y él se fue vacilante con su gorra de fieltro y una sonrisa desdentada. Un nene lloraba en la escuela, y no pude saber por qué. No supo decirlo, quién sabe qué pasa en su casa, qué angustia difusa se le extiende alrededor y él no sabe por qué necesita llorar, pero llora. Una planta se secó y no le faltaba agua ni luz pero se empecinó en ir muriéndose de a poco. Un perro me miró en la calle, y parecía que quería decirme algo; los ojos eran demasiado humanos en esa inhalación, en ese instante previo a la palabra. Pero no pudo decirme nada.
Puedo intentar poner palabras a los silencios o a los sonidos que no logran transmitir un significado. Puedo inventar. Pero no puedo saber.
Los ancianos, los perros, los niños, todos nosotros nos balanceamos, nos hamacamos, escribimos en el aire con el anhelo. Tratamos de poner palabras al silencio.
A veces nos escuchan, nos huelen, nos miden o nos vigilan. Y, algunas veces, cuando el viento es favorable y alguien se detiene un momento para mirarnos a los ojos, nos comprenden. Esa es la verdadera maravilla.

Mónica Russomanno
russomannomonica@gigared.com






Cais (Invento el mar)


Para quem quer se soltar
invento o cais
invento mais que a solidão me dá
invento a lua nova a clarear
invento o amor
y sei a dor de me lançar.
Eu queria ser feliz.
Invento o mar
invento em mim o sonhador.
Para quem quer me seguir eu quero mais.
Tenho o caminho que sempre quis
y um saveiro pronto prá partir.
Invento o cais
y sei a vez de me lançar.


Para quien se quiera soltar
invento el mar
invento más que lo que da la soledad
invento luna nueva en claridad
Invento el mar
y sé el dolor que habrá al zarpar
Yo quería ser feliz.
Invento el mar
invento en mí el soñador.
Para quien me quiera seguir
yo quiero más
tengo el camino que quiero vivir
y un velero listo ya a partir
Invento el mar
y sé la hora de zarpar.

Milton Nascimento y Ronaldo Bastos
versión en castellano de Pedro Aznar
del disco de Pedro Aznar Aznar canta Brasil, 2005






el arca de la infancia [para leer con los chicos]


Cultivo una Rosa Blanca

Cultivo una rosa blanca
en Junio como en Enero,
para el amigo sincero,
que me da su mano franca.

Y para el cruel que me arranca
el corazón con que vivo,
cardo ni ortiga cultivo
cultivo una rosa blanca.

José Martí
(1853-1895)

Propuesta de textos para el arca de la infancia: Georgina Cánaves






Ya he aprendido a dibujar mi barco...

He hallado los yerros de urdimbre en las sogas,
nomás sobándolas,
he practicado nudos
con los ojos cerrados y vendados...
he pulido mi remo
desque era un intacto corazón de tronco,
he adivinado por las nubes los vientos habidos,
por los vientos las nubes...
Al paso de las ráfagas
pero no de los rayos que puentean en lo alto,
pernocté entre las ramas de todas las árboles,
atando y desatando, subiendo y bajando,
agarrado y colgado
vigil velé
toda entera varias veces una
tormenta de invierno, de verano...
fabriqué de memoria
con ramitas y rastrojos y lienzos
pieza por pieza varias veces bajeles
hasta encontrar el mío,
exitoso,
que probé en el estanque
y por el río lo vi irse flotando...
Cuando la luna excite la marea,
partiré hacia los soles de otras tierras,
marino esperanzado...

Horacio C. Rossi
terrazio@ciudad.com.ar






Aquí viene el sol

Aquí viene el sol, aquí viene el sol...
Y digo que está bien
Amor, ha sido un largo frío solitario invierno
Amor, se siente como si hubieran pasado años
desde que estuvo aquí

Aquí viene el sol, aquí viene el sol
Y digo que está bien

Amor, las sonrisas vuelven a los rostros
Amor, parece como si hubieran pasado años
desde que estuvo aquí
Aquí viene el sol, aquí viene el sol
Y digo que está bien

Sol, sol, sol, aquí viene
Sol, sol, sol, aquí viene...

Amor, siento que el hielo va derritiéndose lentamente
Amor, parece que hubieran pasado años
desde que hubo claridad

Aquí viene el sol, aquí viene el sol...
Y digo que está bien
Está bien.

George Harrison
del disco de Los Beatles Abbey road, 1969






No hablemos de nada en serio. Demasiado bien sé que vivimos en una época donde sólo se toma en serio a los imbéciles y me aterroriza no ser incomprendido. Evítame la degradante situación de verme obligado a darte informaciones útiles. La educación es algo admirable, pero cada tanto es bueno recordar que no se puede enseñar nada digno de conocerse. Por entre las cortinas de la ventana veo la luna igual a una moneda de plata recortada. A su alrededor, las estrellas semejan un enjambre de abejas doradas. El cielo es un duro zafiro cóncavo. Salgamos a la noche. El pensamiento es maravilloso, pero la aventura lo es aún más.

Oscar Wilde
(1854-1900)
El crítico como artista






No pido otra cosa:
el cielo sobre mí y el camino bajo mis pies.

Robert L. Stevenson
(1850-1894)