Idiota: Del griego idiotés, utilizado para referirse a quien no se metía en política, preocupado tan sólo en lo suyo, incapaz de ofrecer nada a los demás.

Fernando Savater






Voy a votar. Hay que elegir a quiénes darles mandato para gobernar la ciudad y la provincia durante los próximos cuatro años, para tomar decisiones que afectarán nuestras vidas. El voto es apenas una parte de la responsabilidad de cada uno por lo que pasa en este lugar donde vivimos, pero es una parte que cuenta, ni un conjuro mágico para cambiar la sociedad ni un par de horas robadas al domingo. Muchos padecieron atrocidades para que este proyecto de Democracia pudiera nacer. Están las elecciones, pero no dejemos que se agote ahí. Necesitamos alimentar instancias que le devuelvan el poder a la gente, presupuestos participativos, audiencias públicas, revocatorias de mandatos, consultas populares. Por lo pronto, en los comicios no queda otra que elegir entre los candidatos que hay, salidos de esto mismo que colectivamente somos. Creo que votar en blanco o por alguien sin chances es, finalmente, ser funcional a los que ya compraron los votos de los que no pueden elegir porque la necesidad les puso precio. La miopía de los “bienpensantes” siempre termina convalidando el sometimiento de los marginados. Así fue como nos convertimos en la capital del desamparo, de los homicidios, de las inundaciones... dejándonos encima convencer de que lo merecemos, como esas mujeres golpeadas que terminan culpándose a sí mismas por la violencia que sufren.
Trabajar desde hace cinco años en una organización comunitaria me ha enseñado lo frustrante que es tratar con funcionarios soberbios e incompetentes, tristes personajes que sólo ven con los anteojos del clientelismo. Entonces, no me da igual que cualquiera ocupe esos lugares. Voy a elegir. Tendré en cuenta no sólo promesas de campaña, proyectos que parezcan razonables o equipos presuntamente capaces. Antes veré quién es realmente cada uno de los que reclaman nuestros votos. Así, al menos, los mercenarios que cambian de querencia según el viento, los enroscados al poder durante décadas que nos toman el pelo con obras de último momento y los que gastan millones de oscuro origen en fabricarse caretas y alquilar voluntades, ya van sabiendo que no cuentan conmigo.

Alejandro Alvarez Durante
alegad@gigared.com






Miren cómo sonríen

Miren cómo sonríen los presidentes
cuando le hacen promesas al inocente.

Miren cómo le ofrecen al sindicato
este mundo y el otro los candidatos.

Miren cómo redoblan los juramentos
pero después del voto, doble tormento.

Miren el hervidero de vigilantes
para rociarle flores al estudiante.

Miren cómo relumbran carabineros
para ofrecerles premios a los obreros.

Miren cómo se visten cabo y sargento
para teñir de rojo los pavimentos.

Miren cómo profanan la sacristía
con pieles y sombreros de hipocresía.

Miren cómo blanquearon mes de María
y al pobre negrearon la luz del día.

Miren cómo le muestran una escopeta
para quitarle al pobre su marraqueta.

Miren cómo se empolvan los funcionarios
para contar las hojas del calendario.

Miren cómo gestionan los secretarios
las páginas amables de cada diario.

Miren cómo sonríen angelicales
miren cómo se olvidan que son mortales.

Violeta Parra
del disco Canciones reencontradas en París






Resultado al final

Yo conocí a Cachito y a Dorita. Son pobres, son ancianos, viven en una casa cerca del río, lejos del pueblo más cercano, y se ayudan a sobrevivir con una quinta y un gallinero. Ella cose ropa para afuera aunque la vista ya le falle, y los ojos enrojecidos se quejen de este esfuerzo suplementario, este esfuerzo de seguir trabajando cuando deberían descansar.
Cachito era ferroviario. No tiene estudios, pero tiene la educación del sindicato, cuando los italianos trajeron, junto a las propuestas comunistas y anarquistas, la curiosa idea de que un operario tenía que leer, informarse, comprender no sólo su país sino el mundo. Los sindicatos tenían bibliotecas, eran fraternidades, tenían el ansia de formar hombres libres trabajando con dignidad.
La meta no era enriquecerse, no era lograr un puestito cómodo, no era acomodar a los hijos, nietos y sobrinos. Su ideal era que los compañeros o camaradas tuviesen una vida digna y estuviesen orgullosos de construir una sociedad igualitaria.
Cachito dobla la espalda sobre la tierra arenosa, tan poco proclive a la dádiva, para recoger las verduras y llevarlas a la mesa. Dorita riega las plantas con flores que adornan el jardín delantero. Los perros arman barullo alrededor. No son ricos pero encarnan la mayor riqueza que puede haber, la riqueza onerosa de quien tiene la conciencia limpia. Y es hacia el final cuando se hacen las sumas y las restas para conocer el resultado.
De qué riqueza gozarán los gremialistas que envejecen en mansiones, qué conciencia dormirá sus noches cuando usan la mentira para perpetuarse en el poder, cuando celebran el embrutecimiento de sus afiliados, lo potencian, y utilizan discursos anodinos que llenan el vacío con palabras efímeras. Quién recordará sus nombres con emoción, si sus nombres están unidos a negociados innombrables, dobles sueldos, diezmos. Si cada acto, cada discurso, aún los correctos, esconden intenciones confundidas con réditos personales.
Y qué aporte habrán hecho a nuestra patria. Enseñar a la gente a tener miedo, a callar, a tomarse del pasamanos del colectivo sin saber que el colectivo les pertenece. Los gremialistas de la política del vasallaje enseñan constantemente que el sindicato es del sindicalista, que hay un padre que premia o castiga, y que los afiliados reciben dádivas. Enseñan a no hacer preguntas molestas, enseñan que no hay que cuestionar al cuerpo directivo, porque pueden enojarse y retirar los regalos que ofrecen.
Dicen, cuando están apurados, que todos somos iguales; para que lo canallesco, al difundirse, se torne borroso y nos abarque. Reafirman nuestra cultura colonialista con patrones y siervos dóciles. Desde los pequeños ámbitos crean las células que forman el organismo político de nuestra nación. Morirán en sus mansiones bajo sábanas limpias. No hay dudas. Pero la cama simple de Cachito y Dorita es más fuerte que sus cuentas de banco. Y si alguna vez el automóvil de un secretario general se cruza con la bicicleta de Cacho, deberá detenerse y hacer una reverencia, avergonzado de su brillo superficial a fuerza de cera y paño.

Mónica Russomanno
russomannomonica@gigared.com






Aunque no te ocupes de la política, ella se ocupará de vos.

Yves Montand






El mayor castigo para quienes no se interesan por la política es que serán gobernados por personas que sí se interesan.

Arnold J. Toynbee






Si el siglo XX fue el de los totalitarismos clásicos, el nuevo siglo amenaza ser el de un neototalitarismo a escala planetaria que apenas empezamos a comprender. Es difícil de comprender, en parte, porque, a diferencia de los totalitarismos clásicos, no se impone tanto por la fuerza como por el abuso del mercado y de la publicidad, los manejos de las burocracias estatales al servicio de los intereses transnacionales, y la apatía política popular, generada tanto por la corrupción de las clases políticas como por la ausencia de ideales nuevos y factibles.

Mario Bunge






Historia de un país con dos cabezas

El domingo pasado dije que para unos chicos muy pobres, campesinos de los montes tucumanos, probablemente la patria fuera una ausencia, algo que se menciona como a Dios, a quien no se puede ver en sus actos ni en sus efectos reales. Incluso más lejana que algún santo de esos que, de vez en cuando, salen a dar vueltas por el mundo, se aparecen en los descampados, junto a los refrigeradores (pasó en México, me cuenta Carlos Monsiváis), o en hornacinas que están especialmente preparadas para esas sagradas excursiones por esta tierra.
La patria para muchos es no sólo simbólica sino inmaterial, hecha de nada, o tierra de injusticias. Para otros, más afortunados, la patria significa posibilidades concretas y no sólo identificaciones abstractas. Para mí la patria fue la universidad pública (y antes las escuelas del estado que educaron a mis padres), el hospital donde llegué sola a los diez años y salí reparada cuatro meses después, el derecho y la posibilidad de vivir en la ciudad que me gusta, una serie de trabajos que nunca me llevaron muy lejos de lo que había elegido según ese impulso que llamamos vocación. Las dictaduras militares y el terrorismo de estado no fueron la patria sino la usurpación de la patria.
En cambio, para los marginados, los muy pobres, los ignorados, los distantes, la patria no es nada. O peor todavía, es un simulacro grotesco: una bandera que no resguarda, unos símbolos que han perdido toda actualidad, un puñado de menciones históricas congeladas y quebradizas. Para ellos, ser argentino no implica los mismos derechos. Y si los derechos no son universales es porque vivimos o en una sociedad aristocrática o en una sociedad deformada por la injusticia. Como no vivimos en una aristocracia, la conclusión es que en las últimas décadas la patria se ha achicado, se ha retirado dejando desnudos a millones, como si se retirara una manta y quedaran al aire los miembros ateridos, las heridas, las deformidades.
Dentro de tres años se celebrará el bicentenario de la Revolución de Mayo.
Cuando llegó el primer centenario algunos intelectuales hicieron el balance de esos primeros cien años: promesas cumplidas e incumplidas, defecciones de la clase gobernante, materialismo de los poderosos. Ya podemos empezar a pensar qué diremos en el 2010. Podría enunciar algunos deseos respecto de lo que preferiría que no se dijese.
Preferiría que no se dijese que la Argentina es un país rebosante de cultura, donde se publican miles de títulos por año, hay centenares de exposiciones y centenares de obras de teatro. Si hablamos en el 2010 de cultura, el balance tiene que iluminarse no con las luces del centro, sino orientarse en la niebla que está un poco más afuera, pero bastante cerca de los teatros, las gallery nights y las librerías de Buenos Aires o Rosario. Entonces, tendríamos que hablar de la eficacia de la escuela, de cuántos chicos quedan fuera del secundario, de cuántos desertan, de cuántos chicos nunca van a pisarlo.
No sería conveniente hablar de librerías sin aclarar que los argentinos apenas si leen un libro por año, pero que la televisión de aire, en los horarios centrales, compite con la peor del mundo.
También preferiría que no hablara de la belleza de algunas grandes ciudades del litoral argentino. Esas ciudades están cortadas en mitades, tienen villas miseria a pocas cuadras del centro y están encerradas por varios cinturones de pobreza creciente. Son ciudades bicéfalas y bilingües donde se habla en un lado la lengua del consumo y del mercado, del turismo y del ocio; del otro, la de la precariedad laboral, escolar, de vivienda, de salud. Sobre una Argentina bicéfala no se organiza la idea de una patria común. Tantas diferencias no forman una nación sino que la disgregan en localizaciones: entre casa tomada y la torre-country hay que recorrer sólo pocas cuadras. Los vecinos de la torre-country se quejan de la inseguridad de ese trayecto reducido: la casa tomada, la villa desborda sobre la torre-country, sobre el paseo frente al río; nadie todavía puede pedir pasaporte para ir del norte al sur de la ciudad y, además, el norte está agujereado por el sur, que penetra como una especie de torrente de lava.
Los chicos del monte tucumano están bien lejos de la Villa 31, pero pertenecen al mismo país: el de los sin patria, sin derechos, sin oportunidades. ¿Cómo se llega desde la Villa 31 a la universidad? De ningún modo, no hay colectivo ni prolongación de la línea de subte que pueda unir un lugar con otro. La universidad estaba en el imaginario de los trabajadores pobres de comienzos de siglo y algunos de sus hijos encontraron ese camino, que era, por supuesto, singularmente áspero. Llegaban unos pocos de esos hijos de inmigrantes, pero no estaban descartados desde el principio.
Hoy los chicos de los montes tucumanos o de la Villa 31 están descartados desde el principio no sólo para la universidad (ya creo que no se piensa en ella) sino para cualquier idea de vida donde la necesidad no presida cada una de las elecciones cotidianas. Donde hay tanta necesidad, no hay patria.
La necesidad es un fuego donde se quema la bandera.

Beatriz Sarlo
bsarlo@viva.clarin.com.ar
en Clarín (15/7/2007)






En la cruz de los días

En la cruz de los días
donde la mano oprime y disimula
aparece una mujer con su brillo,
antigua como el olvido.

Tantas cosas me alimentan
es verdad: un plato de comida,
una caricia, un acto de justicia
o libertad, una buena melodía.

Nunca tengo en cuenta lo que doy,
siempre lo que pido.
Por eso no sé bien qué es lo que di
pero sí lo que me dieron.

El país es mucho más
que filósofos de bar,
que cuatro viejas protestando en la vereda,
que políticos detrás de un escritorio,
planeando su futuro.

Nadie puede robarnos un minuto de sol.
Nadie puede engañarnos una vida.
Los mentirosos necesitan piedad
en sus casitas de mármol.

Nunca tengo en cuenta lo que doy,
siempre lo que pido.
Por eso no sé bien qué es lo que di
pero sí lo que me dieron...

Rubén Goldín
del disco de J.C. Baglietto Actuar para vivir, 1982






música del arcanauta

Música de la tierra, de Hierbacana
Voces que vienen de lejos



Mujer y tambor. Ritmo vital, pulso sonoro, manos que acarician la piel de la tierra. Voces que llegan desde lejos para habitar en rostros de hoy: Ana Archetti, Natalia Varela Olid y María Bergamaschi... o Hierbacana, un trío que recrea cantos ancestrales con la impronta de estos tiempos.
En su Música de la tierra -el primer CD, editado en forma independiente- conviven esas voces anónimas que pueblan nuestro imaginario colectivo, con ciertas composiciones de Eduardo Mateo, Chacho Echenique, Carlinhos Brown o Milton Nascimento. Las cadencias negras que atraviesan los sonidos latinoamericanos -muchas veces silenciados- pueblan de colores este disco: una invitación de este trío de mujeres y tambores, a emprender un viaje hacia nuestros orígenes primarios. Un rescate de saberes de antiguas culturas que siguen latiendo en el corazón de América Latina. Así, es posible escuchar a Esa fulanita que libera su voz en las alturas -recopilada por Leda Valladares-, a la boliviana Chichera en versión libre, o ese grito desgarrado de las cajas chayeras... Mujeres de todos los tiempos que se unen en la palabra de Hortensia, una abuela que cuenta de vidas de antes encarnadas en las de ahora.
Y allí están los cantos Lucumí osáinn y Obatalá, que celebran la riqueza de los orishá, una de las naciones africanas arraigadas en este lado del mundo. Músicas de Brasil, Bolivia, Cuba, República Dominicana, Uruguay, Argentina y hasta de la remota Uganda anidan en este disco. Voces de la tradición negra. Voces que bajan de los cerros. Voces arrancadas al olvido.
Música de la tierra es una recopilación de cantos transmitidos de madres a hijos, reflejo del devenir de nuestras culturas, donde la mujer es un puente entre generaciones. Mujeres que transforman su voz en canto lúdico, canto ceremonial, canto de los ancestros. Para recordarnos que la tierra es una sola, madre del sonido y del ritmo, latido natural que nos da vida.

Gabriela Redero
Podés conseguir este y todos los discos del sello Shagrada Medra llamando a los teléfonos: (0342) 154-187953 ó 4502561,
o escribiendo a la casilla: shagradasantafe@yahoo.com.ar






el arca de la infancia [para leer con los chicos]


Las palabras

Tenemos palabras para vender,
palabras para comprar,
palabras de vacaciones.
¡Busquemos juntos palabras para encontrarnos!

Tenemos palabras para fingir,
palabras para lastimar,
palabras para hacer cosquillas.
¡Busquemos juntos palabras para pensar!

Tenemos palabras para llorar,
palabras para hacer ruido.
¡Busquemos juntos palabras para amar!

Gianni Rodari

Propuesta de textos para el arca de la infancia: Georgina Cánaves






Quienes creen que el dinero lo hace todo, terminan haciendo todo por dinero.

Voltaire






Estos son mis principios. Si no le gustan tengo otros.

Groucho Marx






Vivimos en un tiempo muy, muy ingenuo.
Por ejemplo, las personas compran productos cuya excelencia es anunciada por los mismos que las venden. Eso me parece una prueba de ingenuidad.

Jorge Luis Borges






Un ejercicio

Anda un olor seco y nervioso
como de tormenta
por las calles,
y en las siestas tensas
se rompe a veces y se esparce.
Este olor es un olor acusador,
pájaro inmenso sin escopeta en contra,
pues toda arma, todo subterfugio
carece de corona ante la rebeldía de la vida.
No es ninguna reina la represión
sino una de esas aristocráticas prostitutas
que por mero placer
sirven y ceban al rufián de turno.
Acusa seco este olor que cruza el día.
Enmierdado en políticas
se sacude sobre la casa de gobierno
y sigue sin ser fotografiado,
sin ser interceptado por los misiles de las dictaduras
ni ser enterrado vivo en un ataúd de civilización.
Poema exterior, cáscara de palabras
y corazón de verdad
y sentimiento.
Sensibilidad: corto suspiro
para luego morir en cualquier parte
resucitando
en una flor salvaje,
que con virgen impulso de loca determinación
brota desde el ombligo de la primavera.

Horacio C. Rossi
terrazio@ciudad.com.ar






Yo no canto a los tiranos
ni por orden del patrón.
El pillo y el trapalón
que se arreglen por su lado
con payadores comprados
y cantores de salón.

Detrás del ruido del oro
van los maulas como hacienda,
no hay flojo que no se venda
por una sucia moneda,
mas siempre en mi tierra queda
gauchaje que la defienda.

Atahualpa Yupanqui
de su disco El payador perseguido, 1973