Babel desnuda
Babel, desnuda, acaba de nacer.
Babel, desnuda, es como un niño ciego,
no tiene ojos
y mira, horrorizada,
con los ojos del tacto
que descubren superficies
que no siempre es amable tocar.
Babel, desnuda,
palpa, toca, roza, empuja, oprime:
sus manos son las palabras
de un mudo
que en el terror del silencio
sabe que hay un secreto.
Cristina Peri Rossi
Babel bárbara, 1991
La ciudad, inmersa en un territorio con un suelo, un clima, una vegetación (elementos específicos y concretos con los que debe relacionarse), no la constituyen sólo los edificios. Personas, edificios y ambiente deben considerarse conjuntamente para un desarrollo más armónico del planeta.
Cuestiones de economía coyuntural han posibilitado la urbanización de cauces de ríos, de ramblas, de zonas de alto riesgo sísmico. De forma cíclica la naturaleza recuerda que determinadas cosas simplemente están mal hechas. La técnica es capaz de conseguir vegetales en los desiertos, temperaturas tropicales en viviendas polares y luz las veinticuatro horas del día. Pero el costo a nivel planetario empieza a hacerse insoportable.
Se trata de construir un nuevo tipo de relaciones entre la naturaleza y lo urbano, valorando la repercusión que las actividades urbanas tienen sobre su entorno y buscando una interrelación más armoniosa entre ellos, entendiendo que la calidad ambiental de la ciudad depende en gran medida de la relación entre procesos urbanos y procesos naturales. Se considera fundamental la máxima integración del ciclo ecológico en las distintas escalas, haciendo especial hincapié en la conexión de flujos entre la ciudad y el entorno.
José Fariña Tojo
http://habitat.aq.upm.es/boletin/n15/ajfar.html
La concepción moderna del espacio, al entrar en correspondencia con los conceptos de progreso y desarrollo, generó en nuestras ciudades un proceso de transformación significativa vinculada a la artificialización de la vida, la desfiguración de identidades territoriales y la consecuente homogenización de los lugares, principalmente en estas últimas décadas.
Los órdenes naturales del acontecer urbano, desde lo político a lo cultural, paisajístico, educativo, sanitario, económico y social, fueron impregnados por la lógica apremiante de los tiempos del mercado, del consumo, la velocidad devoradora de la tecnología, la aceleración de los intercambios y de la producción.
Esta alteración fundamental de la vida, sin duda trastocó los espacios y los modos de habitar nuestros lugares, que hoy son interpelados por una crisis ambiental, cuya expresión más elocuente es el cambio climático, demandándonos un tiempo para repensar-nos y revisar-nos.
Construir ciudades necesariamente modifica los espacios naturales, pero hemos pasado los umbrales de lo que deberíamos habernos permitido y hoy estamos reclamándonos a nosotros mismos, porque la propia vida nos reclama, recuperar lo perdido. Advertimos que la habitabilidad y lo que biológicamente nos sostiene y necesitamos, están en riesgo y vamos comprendiendo que ser naturaleza y ser humano es lo mismo, es una inclusión incluida en la otra.
¿Cómo repensamos nuestras ciudades para que recuperen su identidad soterrada por el modelo homogeneizador de la modernidad? ¿Cómo repensamos desde la política, la educación, la salud, el arte, la economía para que nuestros espacios urbanos prioricen la vida por sobre su artificialización? ¿Cómo nos preparamos y nos re-imaginamos en la crisis ambiental y el cambio climático?
Daniela Verzeñassi
Arquitecta, integrante del Foro Ecologista de Paraná
http://www.jornadasregionales.blogspot.com/
Proporciones
Las Vegas, ciudad de luz, maravilloso faro del mundo montado en un desierto, arrojando haces que encandilan desde el espacio.
Las Vegas, ese lugar imposible que se sostiene como una bola de helado en una sartén sobre las llamas. Monumento al empeño humano por los esfuerzos inútiles, desperdicio fabuloso, ingeniería para el derroche.
Ciudad de la sequía donde se puede surfear en un mar artificial con olas de agua arrancada con esfuerzo al océano lejano, transportada y mantenida por capricho, porque sí, porque siempre es mejor el baño si éste cuesta fortunas.
Monstruo que fagocita electricidad que canta en los cables desde remotas usinas.
Las Vegas, el sitio que se abomba sobre lo infértil, infértil ella misma, monstruo de pesadilla que devora estérilmente los recursos que se disipan en las mesas de juego. Ciudad enfriada noche y día por motores imparables.
Abominación que clama por el exterminio final del fuego.
Y la gente como insectos atraídos por la lámpara impiadosa. Miles de partículas, pequeñas partículas que se sienten grandiosas al ser el polvo móvil sobre un enorme monumento funerario. Que nada saben, que nada quieren saber de las muertes que sostienen los fuegos artificiales.
Mientras tanto las campañas piden que ahorremos energía. Nosotros, que decimos “apagá la luz si te vas de la habitación”, nosotros, derrochones latinoamericanos que osamos poner un ventilador cuando la temperatura trepa en el estío por el termómetro, nosotros, que estamos dejando al mundo sin recursos.
¡Viva Las Vegas!
¡Nene, cerrá la puerta de la heladera!
Mónica Russomanno
monicarussomanno@yahoo.com.ar
La palabra sustentabilidad debiera ser explícita en cuanto a los valores de justicia social y equidad en el acceso a los beneficios y garantías urbanas. En los países con menos recursos, cuando el rico toma un descanso, sube al auto y se va a la playa, o se va de viaje o, en el peor de los casos, disfruta de su jardín. Los pobres salen a la calle. Es todo lo que tienen.
Así el espacio urbano común se transforma en la única fuente de bienestar social directamente accesible por los que tienen menos, y la ciudad (y sus autoridades) tiene el deber moral de atender esa necesidad. La ciudad debiera ser capaz de no hacer distinción de usuarios, de garantizar el acceso a los beneficios urbanos y proteger la salud de sus habitantes. Todos sin exclusión.
Cuando una ciudad (y sus autoridades) planean y ejecutan planes mayúsculos de infraestructura en favor del automóvil y el transporte privado, se le está diciendo a la gente en su cara que no todos tienen los mismos derechos. Cuando una ciudad carece de parques e infraestructura pública de recreación, está sugiriendo que los más pobres no necesitan descanso.
Enrique Peñalosa
ex Alcalde de Bogotá, Colombia
citado por Esteban Undurraga
http://www.duranarquitectos.cl
Un urbanismo de abajo hacia arriba
La celeridad de los procesos de urbanización y la ineficacia de las tradicionales herramientas de actuación generaron una aguda discusión sobre los efectos socioterritoriales producidos en las grandes ciudades. Asimismo, la complejización de la estructura de la sociedad tornó dificultoso definir el interés general y, a su vez, los beneficios de la acción pública no se han dirigido a todos los grupos de modo equivalente.
La diversidad y simultaneidad de fenómenos subyacentes en las metrópolis conduce a que, de manera inexorable, resulte imposible examinar la realidad en toda su complejidad; con lo cual las decisiones deben de tomarse sobre la base de información incompleta, debiendo responder adecuadamente a situaciones de incertidumbre, a circunstancias cambiantes.
La fragmentación de los poderes públicos, la diversidad de componentes sociales así como la gran cantidad de agentes económicos, entre otros factores, inciden sobre las condiciones bajo las cuales las políticas públicas en general y las urbanas en particular puedan ser puestas en práctica exitosamente. De modo que la construcción de consensos constituye un elemento básico a incorporar en un nuevo sistema de relaciones.
Recientemente se llevó a cabo en México un coloquio internacional sobre “El futuro de las ciudades”, en donde se presentó –en la palabra de Horacio Capel– lo que se dio en llamar “Declaración de Guadalajara sobre el futuro de la ciudad”. A modo de síntesis, se presentan algunos de sus principales conceptos:
- Las tres cuartas partes de la población del mundo es ya urbana, y se puede prever la constitución de la Pantópolis universal. Los problemas del futuro de las ciudades son los problemas del futuro de la Humanidad. La ciudad incluye dimensiones diferentes; es a la vez urbs, civitas y polis. El urbanismo ha de atender a todas esas dimensiones, y no solamente a la dimensión física.
- No hay estética sin ética. El urbanismo se ha elaborado e impuesto hasta ahora de arriba hacia abajo. Se necesita otro totalmente distinto que proceda de abajo hacia arriba. El punto esencial es el diálogo. Se ha de evitar la prepotencia de los técnicos y su pretensión de que son poseedores del saber.
- Los técnicos y los políticos han de estar al servicio de las necesidades y demandas de los ciudadanos. Los problemas urbanos son de tal naturaleza que exigen el estudio y la participación de especialistas y técnicos diversos.
- Se ha de valorar el papel de los movimientos sociales. La participación debe convertirse en el instrumento básico del urbanismo, de manera que garantice el debate público y, a través del mismo, el control de las decisiones que se toman.
- Los ciudadanos tienen derecho a no estar satisfechos con la estructura y organización de sus ciudades, y a desear que se renueven o reconstruyan. Pero eso ha de hacerse en beneficio de la población y no de las empresas inmobiliarias.
- Se ha de garantizar el acceso a la vivienda y a los equipamientos públicos a todos los habitantes de la ciudad. Puesto que la “mano invisible” de los intereses inmobiliarios ha sido incapaz de resolver los problemas de la vivienda, se necesitan políticas públicas para hacerlo.
- El planeamiento es un instrumento indispensable para racionalizar la ocupación del territorio y la organización de la ciudad. No puede dejarse a merced de los intereses particulares, que buscan el propio beneficio, sino que ha de ser dirigido. Eso ha de hacerse bajo una dirección y control público, y requiere instrumentos públicos de gestión.
- Debemos recordar que el espacio público es de todos y que todos hemos de contribuir a su mantenimiento. Si hay libertad, igualdad, bienestar y solidaridad, las ciudades son el paraíso en la tierra. Si domina la exclusión, la pobreza, la violencia, la vigilancia y la opresión, pueden convertirse en el mismísimo infierno.
- El urbanismo es un proceso complejo. La administración pública debe negociar con los diferentes agentes urbanos, cada uno de los cuales defiende sus intereses, y arbitrar entre sus conflictos y diferencias, en beneficio de todos los ciudadanos. Por ende, necesitamos utopías y debatir alternativas sobre la forma de organizar la ciudad.
El planeamiento es un instrumento indispensable para racionalizar la organización de la ciudad. En consecuencia, resulta evidente que el urbanismo actual debe afrontar problemas tan inéditos como extremos. La reaparición de la miseria urbana, el incremento sustancial de la pobreza extrema y su segregación física han alcanzado niveles hasta ahora desconocidos. El tiempo se ocupó de demostrar cómo, por científico que se precie, resulta incapaz de conducir por sí el destino de la sociedad.
De la excesiva rigidez en los sistemas de planeamiento también ha dado cuenta el tiempo. Cuando éstos no logran responder adecuadamente, la resolución se efectúa a sus espaldas, conformando una especie de sistema paralelo. Allí radica la importancia de la introducción de flexibilidad, pero esto requiere de una cierta sofisticación técnica, por un lado, y una utilización apropiada, por otro, para evitar abusos potenciales.
Cuando una sociedad se encuentra consolidada y articulada, las voces que se alzan adquieren mayor capacidad para convertir en problema urbano una determinada cuestión y, a su vez, mejor comprenderá los impactos de las políticas urbanas sobre su calidad de vida y mayor será su exigencia para con el ambiente urbano. Con lo cual, el papel que asuman los ciudadanos alcanza una importancia decisiva.
En este marco, para la gestión de la ciudad, el planeamiento debiera tender cada vez más a incorporar de manera gradual a la ciudadanía en todo su proceso de desarrollo, de manera de enhebrar lineamientos estructurales en un extremo y componentes de mayor representatividad en el otro. Y, de ese modo, consolidar por un lado instrumentos de políticas territoriales y, por otro, expresiones emergentes del interés público.
Guillermo Tella
Arquitecto, Urbanista y Profesor-Investigador Adjunto
de la Universidad Nacional de General Sarmiento
El modo más cómodo de conocer una ciudad es averiguar cómo se trabaja en ella, cómo se ama y cómo se muere. En nuestra ciudad, por efecto del clima, todo ello se hace igual, con el mismo aire frenético y ausente. Es decir, que se aburre uno y se dedica a adquirir hábitos. Nuestros conciudadanos trabajan mucho, pero siempre para enriquecerse. Se interesan sobre todo por el comercio, y se ocupan principalmente, según propia expresión, de hacer negocios. Naturalmente, también les gustan las expansiones simples: las mujeres, el cine y los baños de mar. Pero, muy sensatamente, reservan los placeres para el sábado después del mediodía y el domingo, procurando los otros días de la semana hacer mucho dinero. Por las tardes, cuando dejan sus despachos, se reúnen a una hora fija en los cafés, se pasean por un determinado bulevar, o se asoman al balcón. Los deseos de la gente joven son violentos y breves, mientras que los vicios de los mayores no exceden las francachelas, los banquetes de camaradería y los círculos donde se juega fuerte el azar de las cartas.
Se dirá, sin duda, que nada de esto es particular de nuestra ciudad y que, en suma, todos nuestros contemporáneos son así. Sin duda, nada es más natural hoy día que ver a las gentes trabajar de la mañana a la noche y en seguida elegir entre el café, el juego y la charla el modo de perder el tiempo que les queda por vivir. Pero hay ciudades y países donde las gentes tienen, de cuando en cuando, la sospecha de que existe otra cosa. En general esto no hace cambiar sus vidas, pero siquiera han tenido la sospecha y eso salen ganando.
Albert Camus
La Peste, 1947
Las cosas para hacer
Mirás los edificios que dan al puerto,
dejando amanecer a todo...
mirás por la ventana, de tu ciudad,
la vida cómo cierra el paso...
Y aunque saliendo a la vereda, nada te espere ya,
seguís saliendo por tu libertad...
Mirás pasar ancianas que van temprano,
pensando en esa feria nueva,
todas con sus luceros sentimentales,
viviendo de cualquier novela...
Y les preocupa la limosna, y la felicidad,
no somos nada, no señora, ya...
Cerca de la avenida que va al trabajo,
el cielo te parece nuevo...
todo lo que tu alma quiere de día,
termina por saber de noche...
Y alguien te mira con dulzura, y sigilosa se te va...
y un día como de tantos, se ven solos en un bar.
Cada pequeña cosa que se ilumina,
es el poder del propio fuego...
Hoy ves tu adolescencia, llena de miedos,
latiendo en un café distante...
y ella te mira con dulzura, y cadenciosa se te va...
y un día como de tantos, quedan solos en un bar...
Y aunque saliendo a la vereda, nada te espere ya,
seguís saliendo por tu libertad...
Emilio Del Guercio
del disco de Almendra El valle interior, 1980
Bajo los adoquines, la playa
Mutaciones y disidencias en la ciudad contemporánea
Cada día más la sociedad contemporánea se está concentrando en enormes aglomeraciones urbanas uniformadas e igualatorias. Las ciudades (o metrópolis) son el lugar geográfico de concentración humana y de producción económica más importante, así como el espacio social de relación de las muy diversas culturas y formas de vivir de los diferentes sectores sociales. Se ha afianzado una concepción de la ciudad entendida como un enorme mercado de simulación y mercantilización de cualquier actividad, donde triunfa la homogeneización y la vigilancia permanente de todos los movimientos en unos espacios que parecen haber perdido la memoria para dar a entender que tan sólo existe un presente continuo. Un presente surcado por un universalismo tecnológico que tiene la pretensión de homogeneizar todas las experiencias y abolir cualquier atisbo de discrepancia. Pero, a pesar de estos intentos agresivos de negar las diferencias y las prácticas discontinuas propias de cualquier sociedad compleja, hay que señalar que no existe una sola ciudad ni una sola manera de entender el hecho urbano, muy al contrario, cada ciudad es el resultado de la confrontación y la complementariedad de áreas diversas, de ciudadanos que viven y se desarrollan en el interior de cada urbe.
Por ello, la configuración urbanística, pero también la social, simbólica o cultural siempre son provisionales, dependientes de la correlación de fuerzas y de planteamientos que en cada época se alzan como mayoritarios o hegemónicos. Actualmente, en las ciudades occidentales contemporáneas es profundamente hegemónica una visión que deja a gran parte de la población fuera de los beneficios que el espacio urbano pudiera representar. Muchos de los habitantes de las grandes ciudades no son verdaderamente ciudadanos de pleno derecho, sus necesidades sociales, económicas, políticas o vivenciales no están atendidas. Sus prácticas son anuladas, sus espacios negados, sus proyectos ninguneados y sus identidades amordazadas. Sin embargo, ahí es donde se sitúa el debate y la confrontación ideológica y cultural, ahí es donde se posicionan las aportaciones de artistas, diseñador@s, arquitect@s, geógraf@s..., que pretenden dar a conocer visiones distintas a las mayoritarias, planteamientos disidentes y proyectos mutantes que desean cambiar la configuración de nuestras ciudades para hacerlas más habitables, más solidarias y más plurales. Y para ello, hay que dar respuesta tanto a las discriminaciones socio-económicas como a las marginaciones por razones de raza, sexo u opción sexual. El espacio urbano es el lugar privilegiado donde la intervención macro política y la micro política pueden encontrar áreas convergentes e interdependientes, donde se concreten las transversalidades que no olvidan lo global, el entorno social, ni tampoco lo molecular y subjetivo, la ecología mental. La crítica al poder central no puede ir desligada del cuestionamiento de las experiencias y las prácticas de la cotidianeidad.
Tal y como señalaba la artista norteamericana Martha Rosler, el romanticismo de la frase “bajo los adoquines, la playa” puede tal vez excusarse en tanto en cuanto nos recuerda que el paisaje construido consta de las dos cosas, y que el problema del cuerpo, del placer y, por ello, de la liberación, no puede separarse de una consideración racional de la vida urbana. Tenemos que conseguir edificios que sean sensibles a nuestros estados de humor, lugares de reunión acordes a las necesidades sociales y ciudades menos alienantes, donde el humor, el goce y el deseo reemplacen el adocenamiento, el aburrimiento y la necedad. Por ello, y ante las soluciones de una práctica arquitectónica caracterizada históricamente por aportar ideas que pretenden ordenar, racionalizar, organizar y controlar el espacio urbano y las relaciones que en él se establecen, hoy en día existen otros proyectos (artísticos y espaciales) que desean ofrecer alternativas mucho más ambiguas y múltiples con significados más abiertos y plurales, imprecisos e indefinidos, que no se adecuan ni a criterios ni a límites claramente determinados. De este modo el espacio urbano, las ciudades contemporáneas, son entendidas como lugares que respondan a las características cambiantes y fluidas que vertebran la identidad de sus habitantes, lugares de libertad y convivencia de todos los sectores sociales y grupos por minoritarios que estos puedan ser.
José Miguel G. Cortés
En la oficina
desde aquí veo un techo
donde crecen varas de oro
(así les dicen a esos yuyos
que rompen el cemento
suspenden
la tierra y el aire)
veo gorriones, tordos
y un poco de cielo
entre edificios
¿estoy trabajando?
no
¿soy un santo contemplativo?
no
el universo
separa
esta ventana
todos mis compañeros
son cuerpos abandonados
respiro y canto
en secreto
nadie
espera
eso
de mí.
Alejandro Schmidt
Silencio al fondo, 2000
el arca de la infancia [ para leer con los chicos ]
La palabrota
Una palabra
palabritera
despalabrábase
por la escalera.
¡Pobre palabra!
se apalabró
palabrincando
cada escalón.
Cayó de cola
la palabrisa y
palabrochóse
flor de paliza.
Despalabrada
pala que brota
de ser palabra
ya es palabrota.
Silvia Schujer
Propuesta de textos para esta sección: Georgina Cánaves
música del arcanauta
Espejada, de Ramiro Gallo
Donde el tango se refleja
Conocer profundamente la esencia del tango, recrearla con un lenguaje propio y, encima, que esa música suene con códigos actuales que alimentan la tradición del género, no es tarea sencilla. Sin embargo, todo eso y más es lo que consigue Ramiro Gallo en Espejada, el disco más reciente que el joven violinista santafesino grabara con su quinteto.
Acuñado como músico en la Orquesta de Niños de esta ciudad de la mano del maestro Roberto Benítez, Ramiro transitó un camino de exploración dentro del género quizá más complejo de la música popular argentina. A esa ardua tarea contribuyeron sus pasos tempranos por los escenarios junto a su padre y su hermano, sus proyectos en Paraná (El Molino, el trío Vázquez-Gallo-Barbiero e Indigo, junto a Ernesto Méndez) y su anclaje en Buenos Aires.
En la ciudad inevitable para un tanguero, el músico se templó como compositor, instrumentista y arreglador, en auténticas escuelas tangueras: la Orquesta del Tango de la Ciudad de Buenos Aires, la Orquesta Escuela junto a Emilio Balcarce y El Arranque.
Pero la faceta compositiva de Ramiro se luce en todo su esplendor con el quinteto formado en el año 2000, donde expande la búsqueda de un “tango propio”. Y abre, entonces, una huella árida. No elige los senderos ya conocidos del lenguaje ciudadano, pues acepta el desafío: crea desde la libertad que califica a varios músicos de su generación.
En Espejada, el segundo disco de Ramiro Gallo Quinteto, el zumo de su música se concentra. Allí brillan –con un particular guiño para ser bailadas–, una serie de piezas, entre las cuales Ramiro incorpora Mi gaucha, compuesta por su padre Enrique Gallo. Y para degustar la riqueza expresiva de su obra, están las 9 miniaturas, obras breves que, a modo de ofrendas musicales, el violinista regala a quien sea capaz de recibirlas con el oído abierto.
Gabriela Redero
Podés conseguir este y todos los discos del sello Shagrada Medra llamando a los teléfonos: (0342) 154-187953 ó 4502561, o escribiendo a la casilla: shagradasantafe@yahoo.com.ar
Rondanza...
La luna asoma en mi ventana...
Una madre amamanta.
Una pareja pasea, despacito.
Una mujer espera, y está sola, o ya no espera.
Los pasos del que anda, y los vasos de los que están sentados en los bares.
Un dibujo de charco reseco o una sombra de rama en la vereda, o en la memoria.
Aroma. Melodía.
Que acaso brota de los huesos o de la sangre o de lo sin nombre.
Anoto enumeraciones.
He visto a la constelación del cazador flechando naranjas en el río.
Estoy diciendo rituales palabras permanentes, propias de mi necesidad ilusionada.
Pronto estaré cumpliendo mi turno de soñar dormido.
Alegremente. Pues todo me sonríe.
Estos son versos rengos, pero hacen poema: la poesía ha estado charlando con ellos.
Me llevan a acabar esta hoja y así pase la hora y llegue la que espero.
Del tiempo. Que es azul.
Ahora la pareja ya se ha despedido.
La madre mira satisfecha y contenta a su cachorrito de panza llena.
Es de noche aún por las terrazas.
Danza en amor el viento.
La luna asoma en tu ventana...
Horacio C. Rossi
terrazio@ciudad.com.ar