1992 - 14 años de navegación - 2006



Caminamos, sí.
Y nadie sabe de nuestros pasos más recónditos
nadie conoce a fondo nuestra mirada.
Quedan gestos,
apenas una figura flotando en este río inmenso.
Se oyen voces que dicen saber de nosotros.
Saber...
qué palabra enorme.

María Cristina Pepe
Algo que decir, ed. El Retablo, 2000






una canción

Faro de los ahogados
(Lanterna dos afogados)

Cuando está oscuro y ya nadie te oye
cuando cae la noche
y no parás de llorar.

Al final del túnel de los desahuciados
hay un puerto abierto
a quien ansía llegar.

Yo estaré en el faro de los ahogados.
Te estaré esperando.
No vayas a demorar.

Una noche larga de una vida corta
pero no me importa
basta poderte ayudar.

Y son tantas marcas que ya forman parte
del que soy ahora
pero no pienso aflojar.

Yo estaré en el faro de los ahogados.
Te estaré esperando.
No vayas a demorar.


Herbert Vianna
versión en castellano: Pedro Aznar
del disco de Pedro Aznar Aznar Canta Brasil, 2005






Parábola

Ciertos pescadores sacaron del fondo una botella.
Había en la botella un papel, y en el papel estas palabras: “¡Socorro!, estoy aquí. El océano me arrojó a una isla desierta. Estoy en la orilla y espero ayuda. ¡Dense prisa. Estoy aquí!”
— No tiene fecha. Seguramente es ya demasiado tarde. La botella pudo haber flotado mucho tiempo, dijo el pescador primero.
— Y el lugar no está indicado. Ni siquiera se sabe en qué océano, dijo el pescador segundo.
— Ni demasiado tarde ni demasiado lejos. La isla “Aquí” está en todos lados, dijo el pescador tercero.
El ambiente se volvió incómodo, cayó el silencio. Las verdades generales tienen ese problema.

Wislawa Szymborska
Sal, 1962 - versión de Gerardo Beltrán






Itaca

Cuando emprendas tu viaje a Itaca
pide que el camino sea largo,
lleno de aventuras, lleno de experiencias.
No temas a los Lestrigones ni a los Cíclopes,
ni al furioso Poseidón:
nunca encontrarás tales seres en tu camino,
si tu pensar es elevado, si selecta
es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo.
Ni a los Lestrigones ni a los Cíclopes
ni al salvaje Poseidón encontrarás,
si no los llevas dentro de tu alma,
a menos que tu alma los construya ante tí.

Pide que el camino sea largo.
Que sean muchas las mañanas de verano
en que llegues –¡con qué placer y alegría!–
a puertos antes nunca vistos.
Detente en los mercados fenicios
y compra hermosas mercancías,
nácar y coral, ámbar y ébano
y tantos perfumes voluptuosos como puedas.
Ve a muchas ciudades egipcias
a aprender de sus sabios.

Ten siempre a Itaca en tu pensamiento.
Tu llegada allí es tu destino.
Pero no apresures nunca el viaje.
Mejor que dure muchos años,
para que cuando llegues a la isla seas viejo,
enriquecido de cuanto ganaste en el camino
sin aguardar a que Itaca te enriquezca.
Itaca te brindó tan hermoso viaje.
Sin ella nunca hubieras partido.
No tiene nada más que darte.
Aunque la encuentres pobre, Itaca no te ha engañado.
Así, sabio como te has vuelto, con tanta experiencia,
entenderás ya qué significan esas Itacas.

Constantin Kavafis






Las libres jaulas

Puede ocurrir que una se siente en un parapeto en el Parque del Sur, y que al lado haya una persona que refleje el cielo con los ojos. Y puede ocurrir, también, que en vez de darse a la lectura del libro que descansa sobre el pasto, una se dedique en silencio a observar las evoluciones de los pájaros.
No siempre se da la felicidad completa, pero esta vez supongamos que el árbol sobre las cabezas se desgrane en minúsculas florecillas como pequeños plumeritos amarillos, y que tal color coincida exactamente con el de mi pantalón, fusionándolo de esta manera con la copa del árbol y con el cielo que se deja ver entre las hojas.
Y, en esa tarde quieta, puede ser que al dejarse fascinar por los saltitos de los gorriones, recuerde una que estas avecillas son esencialmente libres, y que tal esencia impide la tozuda tarea humana de enjaular la belleza.
Así, en la dulce pereza, surgirá la pregunta ociosa sobre el tamaño que debería de tener una jaula, para que proporcione a un gorrión la ilusión de libertad que impida el que se estrelle contra el tejido.
Debe de haber una exacta medida, un espacio cúbico calculable y preciso que demarque la sensación de ser libre. Ocurrirá entonces inevitablemente que una mire alrededor, que reflexione sobre las sutiles cadenas y los invisibles lazos que construyen la propia jaula, y sin lugar a dudas una saludará en silencio a los hermanos gorriones, y envidiará melancólicamente a las aves migratorias, cuyas cárceles son quizás estrechas, pero al menos muy largas.

Mónica Russomanno
russomannomonica@hotmail.com






Porque el paraíso defiende
clausuras
intenta despellejar un corazón.
Hasta habitarlo.

Roberto Glorioso
Astillas, 2004






Orilla del naufragio

Aquí procedo, a corazón abierto,
a fundar mi canción cada mañana;
cuando arriban los versos,
del oeste,
a crear el poema en mi ventana.
Busco la luz, la luz recién nacida,
hacia el costado donde el día
se apaga,
porque al dormirse el sol, en
esa orilla
mi desolado corazón, naufraga.

Danilo Doyharzábal
El cielo de adentro, 1993






El dolor

Mientras caminamos en el anochecer invernal y nos rodea el fragor sordo de la ciudad, la persona que va conmigo se pregunta y me pregunta:
¿Y el dolor? ¿Adónde va a parar el dolor? El dolor producido por los hombres, el dolor que desde siempre el hombre inflige al hombre, el hombre verdugo del hombre. El dolor de la carne lacerada por las balas y las bombas. El dolor bajo los instrumentos de tortura en las cárceles del mundo, en los campos de exterminio a lo largo del mundo y del tiempo.
¿Se acumula en alguna parte todo ese dolor? ¿O se convierte en nada, ha sido dolor para nada, va a parar a la nada? ¿Es silencio que se suma al silencio? ¿Se diluye igual que el humo de los incendios, el humo de los hornos crematorios de los inocentes asesinados, y no deja tras de sí más que el balbuceo de algunas memorias espantadas?
¿Sólo la memoria, frágil, siempre a punto de sucumbir, es el receptáculo que intenta conservar la evidencia de ese dolor? ¿O el dolor es algo palpable, algo que una vez lanzado al mundo se independiza, fermenta en secreto y permanece?
¿Se deposita en alguna parte el dolor, grito sobre grito, desgarro sobre desgarro? Y si fuera así, ¿qué lugar es ese donde va a parar el dolor? ¿Se instala en las nubes que vagan por los cielos alrededor de la tierra? ¿Están cargadas de dolor las nubes?
¿O el dolor está en la luz que nos recibe cada día con una promesa nueva? ¿O está en el agua que bebemos, en el agua con que nos lavamos? ¿O está en el aire, oculto detrás del aire, y nos anuncia su presencia con los silbidos del viento?
¿O se va almacenando en la vegetación que nos rodea: selvas, bosques, plazas, jardines? ¿Se mueve con la savia que trabaja dentro de los árboles y sube desde las raíces a las ramas? Hojas, flores, pétalos, frutos, ¿albergues de dolor?
¿O está en esas sombras que se deslizan sobre la llanura en la claridad lunar y galopan en el fondo de la oscuridad en las noches sin luna?
¿O el dolor acecha y se agiganta oculto en ese gran vórtice negro del sueño de todos, en el territorio invisible e inexplorado del sueño sin sueños?
¿O busca nuestros cuerpos, se adhiere a nuestra piel formando otra piel, y otra, y otra, capa sobre capa, y lo llevamos a todas partes y en toda circunstancia, en el amor, en el desprecio, en la indignación, en el trabajo y en el ocio, y así andamos por los días en nuestro capullo de dolor que crece año tras año, vida tras vida, generación tras generación?
Zonas ocultas, cosas vivas, cosas en movimiento, ¿habita en alguno de esos sitios el dolor? ¿Hasta cuándo? ¿Habrá un límite para la acumulación de dolor? Y si lo hay, entonces, cuando caiga la gota que hace rebasar el vaso y el platillo de la balanza sucumba al peso, ¿resonará sobre todo esto el aviso de que ha llegado la hora de pagar?
Nubes, aguas, luz, árboles, cuerpos, sueño, sombras lunares, ¿estallarán los diques de contención del dolor? ¿Nos alcanzará, aniquilándonos, un definitivo diluvio de dolor?.

Antonio Dal Masetto
en Inventiva Social (inventivasocial@speedy.com.ar) y
http://www.pagina12.com.ar/1998/98-07/98-07-06/contrata.htm






El mar es verde
la palabra azul.
Sobrevivir
y desamar,
verbos espeluznantes
(mientras en los portales del delirio
la luz hierve crepúsculos,
a fuego lento,
en cándidas pupilas)
Si dios existe o no,
casi no importa.
Atesorar palabras y praderas,
mercados desolados,
fantasmas y franquezas.
Silencios y aguaceros.
Otoños y arrabales,
tristezas repentinas,
y el exorcismo malogrado
de la duda.
No contar pasos,
ni horas, ni certezas,
ni financiar los soplos de alegría.
Respirar nada más,
y almacenar
detrás de las cortinas
parvas y parvas
de cosas que no pesan,
ni cesan.
Breves eternidades cristalinas.
Un odio pendular
demarca el territorio
del dolor,
las cifras de la muerte.
La oscura matemática
del miedo.
El mar es verde
la palabra azul.
De ceniza implacable
es la ceguera.

Sergio Manganelli
manganellisergio@yahoo.com.ar






música del arcanauta
Piano solo, de Carlos Aguirre
Un tesoro en el camino

Un disco de piano solo basado en composiciones propias, que signifique un aporte a la música argentina de raíz folclórica, no es frecuente. De allí que este Caminos, que Carlos Aguirre iluminó tras dos noches de intimidad con un piano en el Teatro San Martín, de San Miguel del Tucumán, se disfrute con la serenidad de lo que costó conseguir.
Como entregado a un juego de niños, el “Negro” se sumerge en el misterio de un mundo que no deja de sorprenderlo, de cautivarlo, de conmoverlo. Un mundo que recorre desde sus lugares de compositor y pianista, con la calma de quien conoce sus secretos. De allí surgen ocho temas propios en los que sedimentaron sus influencias, sus búsquedas y los hallazgos que fue capaz de aprehender a lo largo del camino. Su Seguí natal se dibuja en las imágenes rurales de Un pueblo de paso, el Paraná que habita late al ritmo de El barrio, el candombe y su particular exploración rítmica se luce en Milonga gris. Pero Aguirre se reserva la libertad sin ataduras para algunos preludios y romanzas.
En este disco, recién editado por Shagrada Medra, Carlos Aguirre eligió sumar composiciones de músicos paranaenses, como Luis Barbiero y Gari Di Pietro; homenajear a uno de sus referentes en el piano, como el rafaelino Remo Pignoni (Pal Turco Deb) y recrear un clásico de la música del litoral, como Canción de cuna costera, de Linares Cardoso. Y allí, como un regalo extra, brilla una de las composiciones que el músico considera una bisagra en las armonías del folclore argentino: Zamba para no morir, de Hamlet Lima Quintana-Ambros y Rosales.
Con todo, este trabajo es un tesoro para la música argentina que va naciendo. De esos discos que el tiempo tornará imprescindibles. De esas músicas que convocan a celebrar la belleza cada vez que invitan a escuchar. Pero, Aguirre prefiere alejarse de todo análisis, y busca arroparse nuevamente en ese piano que le marcó la senda desde chico, como quien vuelve al abrazo materno tras haber recorrido otros caminos. “El misterio de ese generoso universo que emerge del piano me conmueve desde muy niño –dice–. Es así que, al calor de tan preciada intimidad, fue naciendo a través de los años este primer testimonio de nuestra amistad”.

Gabriela Redero
Podés conseguir este y todos los discos del sello Shagrada Medra llamando a los teléfonos: (0342) 154-187953 ó 4502561, o escribiendo a la casilla: shagradasantafe@yahoo.com.ar






El arca de la infancia
[para leer con los chicos]
Selección Literaria: Georgina Cánaves

Vuelos

Cuando va terminándose el día, y se terminan los ruidos y los movimientos, cuando la gente se va a dormir y trata de descansar, y se cierran las ventanas y las puertas, y se dan vuelta las llaves de los candados, a Milagros le crecen alas. Milagros tiene once años y hace como cinco que sus alas crecen cada noche y ella sale de su casa así, volando, sin necesidad de desactivar la alarma porque no suena. Ni de abrir sin ruidos las ventanas y puertas porque no habrá ruidos de ningún tipo. Nadie oirá a Milagros saliendo de su casa, volando.
Ha recorrido muchos lugares en todas estas noches. Las tormentas nunca le impidieron volar. Le gustan los vuelos por silencios cargados de voces. Ha hecho tantos amigos en estos viajes. De tanto en tanto se reencuentran. Es raro que Milagros olvide a algunos de estos amigos.
Milagros no le teme a sus alas, nunca la abandonaron. Al contrario, sabiamente, le marcan el ritmo y la velocidad de sus viajes.
Vuela Milagros y vuelve cada noche a su cuarto cuando sus alas van replegándose. Entonces ella sabe que debe cerrar el libro, apagar su pequeña lámpara y dormirse.

Ángela Pradelli






Del consuelo

Las playas topan de arena ambas bandas de la mar.
Mar atravesada en pena. Salada a fuer de llorar…

Podría contar el cielo, si le diera por hablar,
lo que rezan estos versos del Poeta en su cantar:

alguna vez en la vida podrá su destino hallar
el hombre, si es que no olvida todo el paisaje mirar…

ni se ilusiona con mundos que talvez no ha de encontrar
ni extraordinarios favores que lo hagan maravillar…

allí encontrará –diría: talvez pueda allí encontrar–
la sed de nueva sequía, la dificultad de amar

restos de antiguos naufragios que no lo han de alimentar,
y templos ya sin sufragios a dioses que hay que olvidar…

“Para esta vida, tan fea, es que crucé tánta mar,
para que nada me sea como amé imaginar?”...

— Hágase firme, y espere:
total, ya sabe esperar...
La semilla que trajere,
ya mismo, dése a sembrar

Ni el marino ni el velero:
¡el viaje!, va a germinar...
No la piedra ni el hondero:
la caza de su atinar
Es, lo que la sangre empuja,
lo que vale asegurar:
el aire de la burbuja:
¡haber cruzado la mar!

El son de los instrumentos,
lo que la voz, al cantar,
dice de los sentimientos:
¡la luz!, en el despertar:
¡La mano, ya recibiendo
a los que están por llegar,
con el recibo, tremendo,
de haber fundado un lugar!

Horacio C. Rossi
terrazio@ciudad.com.ar






Delirar en voz alta

Si el mundo está patas arriba y cabeza abajo ¿por qué no delirar que el mundo vuelva a estar como él quiso cuando todavía no era?
Así que se me ocurrió imaginar ese mundo posible.
Delirar, soñar en voz alta:
En las calles los automóviles serán pisados por los perros, el aire estará limpio de los venenos de las máquinas y no tendrá más contaminación que la que emana de los miedos humanos y de las humanas pasiones.
La gente no será manejada por el automóvil, ni será programada por la computadora, ni será comprada por el supermercado, ni será mirada por el televisor.
El televisor dejará de ser el miembro más importante de la familia y será tratado como la plancha o el lavarropas.
La gente trabajará para vivir en lugar de vivir para trabajar.
En ningún país irán presos los muchachos por no prestar el servicio militar; sólo irán quienes quieran hacerlo.
Los economistas no llamarán nivel de vida al nivel de consumo, ni llamarán calidad de vida a la cantidad de compra.
Los cocineros no creerán que a las langostas les encanta que las cocinen vivas.
Los historiadores no creerán que a los países les encanta ser invadidos y los políticos no creerán que a los pobres les encanta comer promesas.
El mundo ya no estará en guerra contra los pobres sino contra la pobreza. La industria militar no tendrá más remedio que declararse en quiebra por siempre jamás.
Nadie morirá de hambre porque nadie morirá de indigestión. Los niños de la calle no serán tratados como si fueran basura porque no habrá niños de la calle. Los niños ricos no serán tratados como si fueran dinero porque no habrá niños ricos.
La educación no será privilegio de quienes pueden pagarla, ni la policía será la maldición de quienes no puedan comprarla.
La justicia y la libertad, hermanas siamesas condenadas a vivir separadas, volverán a juntarse, bien pegaditas, espalda contra espalda.
Una mujer negra será presidenta del Brasil y otra mujer negra será presidenta de los Estados Unidos; una mujer india gobernará a Guatemala y otra a Perú.
En Argentina las “Locas de la Plaza de Mayo” serán un ejemplo de salud mental porque ellas se negaron a olvidar, en el tiempo de la amnesia obligatoria.
La Santa Madre Iglesia corregirá algunas erratas en las piedras de Moisés: El sexto mandamiento ordenará: “festejarás tu cuerpo”. El noveno que desconfía del deseo, lo declarará sagrado. La Iglesia también dictará el undécimo mandamiento que se le había olvidado al Señor: “amarás a la naturaleza de la que formas parte”.
Todos los penitentes serán celebrantes y no habrá noche que no sea vivida como si fuera la última, ni un día que no sea vivido como si fuera el primero.

Eduardo Galeano






Corazón

El corazón me dijo un día —Salgo.
Desde ese día vuelve a cualquier hora;
decide por sí mismo, se demora.
Está visto, no puedo controlarlo.

Dice que no coincide con mi lógica,
que no está ni en mis risas ni en mis llantos;
que cuando sale lleva mi retrato
sólo por si le falla la memoria.

Vagabundea por allí sin rumbo.
Con quien encuentra al paso se involucra.
Dice que él no es quien es sin cada uno.

Yo le protesto —¿Qué hay de mí?– y retruca
—No conozco algún mí sin todo un mundo
de tú, que te responde la pregunta.

Héctor Martín Rotger
rotgerhm@arnet.com.ar