No era necesario...

No era necesario mirar el cielo ni las ramas.
Aquí te vi, en la tierra pura, en la tierra desnuda.
Aquí te vi, espíritu primaveral, danzar o arder serenamente como la alegría sin nombre,
transparencia imposible de una dicha flotante sobre el polvo.

Aquí te vi, niña fantasmal de velos diáfanos, en el mediodía inexistente.
No era necesario mirar el cielo ni las ramas.


Juan L. Ortiz
En el aura del sauce, Ed. UNL, 1989






apuntes del viaje

Sube desde el Parque la mañana, llenando la casa a través de las ventanas. Los fresnos en la vereda, hasta ayer grises, bracitos desnudos de la tierra pidiendo lluvia con gritos mudos, hoy ya muestran pequeños dedos verdes en la brisa.
Sin apuro, pienso en los múltiples sentidos de estos días, metáforas de tantas cosas que nos han pasado y nos pasan en esta parte del mundo. Cosas que parecen, en los medios, inconexas y, sin embargo, forman la misma trama densa, compleja, de la vida por aquí.
Primavera, y la memoria de la Noche de los Lápices, y las primeras condenas a los genocidas, y los crímenes –locales y planetarios– que siguen impunes, y las aguas envenenadas por el saqueo minero, y los ríos vaciados de peces, y la gente fumigada en sus propios barrios, y los montes nativos arrasados, y los millones de excluidos intentando sobrevivir en la miseria suburbana. Primavera, y la violencia cobrando su cuota diaria en cualquier esquina de esta republiqueta sojera, con su comparsa patética de empresarios, periodistas, políticos y funcionarios, avanzando ciega... hacia un país invivible.
Primavera, sí, aún en medio de todo eso, y tanto más.
Para aquellos que, todavía hoy, piensan, sienten, crean, comparten y hacen, juntos o en soledad, en cada día y lugar, a favor de la Vida, sin atenuantes, va este abrazo de palabras, con aroma de primavera...

Alejandro Alvarez Durante
alegad@gigared.com






una canción

Vilarejo

Há um vilarejo ali
Onde areja um vento bom
Na varanda, quem descansa
Vé o horizonte deitar no châo
Pra acalmar o coraçâo
Lá o mundo tem razâo
Terra de heróis, lares de mâe
Paraíso se mudou para lá
Por cima das casas, cal.

Frutas em qualquer quintal
Peitos fartos, filhos fortes
Sonho semeando o mundo real
Toda gente cabe lá
Palestina, Shangri-Lá
Vem andar e voa...

Lá o tempo espera
Lá é primavera
Portas e janelas ficam
sempre abertas
Pra sorte entrar
Em todas as mesas, pâo.

Flores enfeitando
Os caminhos, os vestidos,
os destinos
E essa cançâo
Tem um verdadeiro amor
Para quando você for

Vem andar e voa...


Aldea

Hay una aldea por ahí
donde sopla un viento bueno.
En la baranda, quien descansa
ve al horizonte echarse en el suelo
para calmar el corazón.
Allá el mundo tiene razón.
Tierra de héroes, hogar de mamá,
el paraíso se mudó para allá,
encima de las casas, cal.

Frutas en cualquier lugar,
pechos llenos, hijos fuertes,
sueño sembrando el mundo real.
Toda la gente cabe allá,
Palestina, Shangri-Lá.
Vení a andar y volá...

Allá el tiempo espera,
allá es primavera,
puertas y ventanas quedan
siempre abiertas
para que la suerte pueda entrar.
En todas las mesas, pan.

Flores adornando
los caminos, los vestidos,
los destinos
y esa canción
tiene un verdadero amor
para cuando vayas vos.
Vení a andar y volá...

Marisa Monte
de su disco Infinito particular, 2006






Bosque

Un árbol es el bosque.
Un árbol es todos los árboles
del bosque.
Un árbol no es todo el bosque
más un árbol.
Tampoco muchos árboles
hacen que exista
el bosque.
Ni cien.
Ni diez mil árboles.
Ni infinidad de árboles.
Si un solo árbol no es todos
los árboles del bosque.

Héctor Martín Rotger
rotgerhm@arnet.com.ar






Todos los habitantes gozan del derecho a un ambiente sano, equilibrado, apto para el desarrollo humano y para que las actividades productivas satisfagan las necesidades presentes sin comprometer las de las generaciones futuras, y tienen el deber de preservarlo. El daño ambiental generará prioritariamente la obligación de recomponer, según lo establezca la ley.
Las autoridades proveerán a la protección de este derecho, a la utilización racional de los recursos naturales, a la preservación del patrimonio natural y cultural y de la diversidad biológica, y a la información y educación ambientales.
Corresponde a la Nación dictar las normas que contengan los presupuestos mínimos de protección y a las provincias las necesarias para complementarlas, sin que aquellas alteren las jurisdicciones locales.
Se prohibe el ingreso al territorio nacional de residuos actual o potencialmente peligrosos, y de los radioactivos.

Art. 41 de la Constitución Nacional Argentina






el arca de la infancia
[para leer con los chicos]
Selección literaria: Georgina Cánaves

La higuera

Porque es áspera y fea;
porque todas sus ramas son grises,
yo le tengo piedad a la higuera.

En mi quinta hay cien árboles bellos:
ciruelos redondos,
limoneros rectos
y naranjos de brotes lustrosos.

En las primaveras
todos ellos se cubren de flores
en torno a la higuera.

Y la pobre parece tan triste
con sus gajos torcidos que nunca
de apretados capullos se visten...
Por eso,
cada vez que yo paso a su lado
digo, procurando
hacer dulce y alegre mi acento:
— Es la higuera el más bello
de los árboles del huerto.

Si ella escucha,
si comprende el idioma en que hablo,
¡qué dulzura tan honda hará nido
en su alma sensible de árbol!

Y tal vez, a la noche,
cuando el viento acaricie su copa,
embriagada de gozo le cuente:
— Hoy a mí me dijeron hermosa.

Juana de Ibarborou






Vivimos una época en que los modelos hegemónicos que configuran las nuevas dependencias se instalan en las áreas rurales en el marco de los modelos de agroexportación, y desde allí se proyectan sobre el resto del país, condicionando indefectiblemente toda la vida ciudadana... A la población urbana desenraizada de sus memorias y con un imaginario cada vez más ocupado por la publicidad y por la TV le resulta difícil aceptar esta importancia de lo rural que continúa asimilando con lo atrasado, en una época de Capitalismo Global, de altas tecnologías y de relaciones universales instantáneas. Sin embargo, esa preeminencia de lo rural se corresponde con los nuevos poderes transnacionales que tienen base en la apropiación de las semillas y de los mercados internacionales de granos, en el creciente poder de las cadenas agroalimentarias y de los supermercados, que han expropiado la función de alimentar a cientos sino miles de millones de seres humanos. Muchos continúan negándose desde una supuesta izquierda a reconocer el valor político de los alimentos, sin embargo, ya los discursos y los interrogantes de muchos líderes apuntan a desentrañar el conflicto que se viene ineludiblemente: el producir comida o producir combustibles, dado que la fuente de ambos será indefectiblemente, al menos si continuamos por este camino, la misma agricultura, y todos temen que no habrá posibilidades de abastecer los dos mercados simultáneamente, y entre la necesidad de comer de los pobres y la necesidad de abastecer el hambre de los automóviles de los ricos, es previsible imaginar quienes habrán de quedar en el camino...
Hemos dicho que, tanto el modelo rural como la producción de alimentos industrializados y su comercialización, se encuentran en manos de lo que se denominan los Agronegocios, y ello se expresa mediante las cadenas agroalimentarias que se inician en un modelo de agricultura sin agricultores, no importa de quién sea la tierra, y que llegan hasta nuestra mesa en forma de productos envasados cargados de publicidad, de residuos agrotóxicos y de conservantes. Ha sido ese un proceso lento pero implacable de conquista del sector, un proceso de apropiación masiva de los mercados, de cooptación y especialmente de aculturación del productor, porque persuadir al hombre de campo que lo suyo era un agro business, y transformarlo de chacarero a pequeño empresario rural, no fue un hecho menor, sino decisivo, para poder imponer el modelo agroexportador de las biotecnologías y de la dependencia a insumos que ahora tenemos. Y no estamos hablando de algo que ocurrió ni de algo que ha llegado a su máxima expresión… no, todo lo contrario, las últimas informaciones nos hablan de 24 villas miserias nuevas, tan sólo en la Ciudad de Buenos Aires, y según los estudiosos del INTA, 8 de cada 10 de los desocupados que las pueblan, son desempleados de la agricultura… El proceso de despoblamiento continúa…
Ahora bien, si son las cadenas agroalimentarias las que dominan el sector de la producción y comercialización de alimentos, bien podríamos entonces admitir que cada vez que el Gobierno Nacional intenta resolver cupularmente alguno de los problemas que en esta área se producen, estaría reconociendo y hasta legitimando ese poder de los agronegocios. Cada negociación con los dueños de las grandes cadenas no hace, a lo sumo, más que solucionar los problemas hoy, pero a la vez fortalece el modelo hegemónico de los agronegocios y de las cadenas agroalimentarias. Las negociaciones cupulares y el modelo de premios y castigos que se han institucionalizado como práctica política, entre otros con los sectores rurales, es algo peor que aquello de tapar agujeros, es en definitiva una torpeza, el hacer doctrina de la coyuntura y olvidar cuáles serían las tareas indelegables de la investidura en el ejercicio del Estado. (...) Sigamos un poquito más con esta idea porque vale la pena desarrollarla. Lo que estoy diciendo es que el Agronegocio ha expropiado al Estado la función reguladora que al Estado le corresponde, y por supuesto la usa de una manera bastante discrecional y en su propio beneficio. El agronegocio es el que le fija el precio al productor, pero cuando ese precio baja en la tranquera no significa que vaya a bajar en la góndola para el consumidor de la ciudad. Creer esta inocentada es el engaño en el que muchos caen… algunos de buena fe y otros con muy, pero muy malas intenciones... La relación no es mecánica, porque los agronegocios manejan las cadenas agroalimentarias, así como los supermercados, y las manejan a discreción. Ellos son los dueños de todos los eslabones. A ver si se entiende: estamos jugando a los naipes con alguien que tiene todas las cartas, también las nuestras…
El precio que baja en la tranquera porque lo decide al Agronegocio, obliga al pequeño productor a disminuir los costos o a desaparecer, y ello significa incorporar el paquete tecnológico de la gran escala que también es parte del Agronegocio, o puede significar acaso incorporar mano de obra familiar que trabaja por la comida o incorporar mano de obra esclava o semiesclava proveniente de los países limítrofes. (...) Se da también una situación similar con las retenciones a las exportaciones, en que al pequeño no se le discrimina si la soja va como poroto que paga el 21 o como aceite que paga el 5… el precio lo fija siempre el Agronegocio y la balanza se generaliza siempre para un solo lado. (...) Entonces, toda negociación cupular implica la inmoralidad de manifestarle a la cadena de agronegocios que maneja los precios, algo así cómo: Señores, moderen sus exacciones o me veré obligado a tomar las medidas políticas a las que mi función me obliga y que no tomo porque prefiero continuar con el circo y preservar el modelo impuesto y negociar con ustedes que son como el zorro en el gallinero…
(...) No podemos ser ignorantes ni indiferentes ante estas situaciones. Hoy el modelo rural se proyecta de manera hegemónica sobre la Argentina toda, condicionando nuestras vidas en todos los ámbitos sin excepción alguna. Los Agronegocios nos han impuesto un modelo que conduce inexorablemente a generar enormes territorios vacíos por una parte y enormes conurbanos inmanejables por la otra. Un modelo de país en que la puesta de la agricultura industrial al servicio de la producción de biocombustibles, conducirá inexorablemente a un riesgo mucho mayor aún que los actuales: el de que carezcamos de la suficiente provisión de comida para los argentinos. Continuar enfrentando ese futuro temible sin reconstruir el Estado en sus instrumentos imprescindibles para elaborar políticas de intervención, políticas que puedan modificar el modelo de la soja, limitar sus desarrollos o morigerar sus crecientes impactos, no sólo será un gravísimo error político, sino que constituirá un importante incumplimiento de la función de gobierno. Hacerlo desde un pensamiento meramente progresista, nos equipara con los hermanos uruguayos y con la penosa tragedia de una generación de luchadores sociales y revolucionarios que terminaron en el país hermano siendo absolutamente funcionales a lo que siempre combatieron o al menos declararon combatir (...).

Jorge Eduardo Rulli
www.grr.org.ar






Divagando un balance

El mar humedeció la tierra
navengándola en un montón de nubes,
abrazándola en un montón de lluvia.
Septiembre se acercaba
intentado medir en día el milagro.
Yo no le hice caso
aunque lo dejé sentarse al lado mío
e incluso cruzamos algún domingo de la mano.
Atendiendo yo como atiendo desde hace un tiempo
al canto del agua
a la playa que emerge luego de la creciente
a los pájaros que cantan en sus nidos nuevos
que los árboles guardarán
con el fuego verde de su grito.
Y atiendo a mis amigos y a la gente,
a sus contradictorios procederes
tan bien disimulados por cariño
y al error suyo y mío
que al unirnos nos hace diferentes.
Entanto vago por entre la ciudad de tierra muerta,
busco la tierra viva de la naturaleza,
aprendo a diluir mi amor entre los prójimos,
vengo de descubrir en cada niño un pájaro,
niego la pesadilla de los hombres de acero,
integro y desintegro cuanta cosa exista
desnudo contenidos, desoigo las mentiras
y bendigo, recorro, de verdad agradezco
esta absoluta certeza de estar vivo.

Horacio C. Rossi
terrazio@ciudad.com.ar






música del arcanauta
Rocamadour
Música a orillas del Paraná

Un paisaje. Un lugar. Muchas músicas. El río ahí, como parte de la vida cotidiana de las gentes, y en la escena un grupo de músicos que vienen de recorrer diversos caminos y en ese espacio-tiempo se cruzan en la ciudad con ritmo de pueblo: Paraná.
Moli Verón, baterista cultivado en el jazz rock; Leandro Drago, tecladista curioso por los instrumentos electrónicos; Alejandro Silva, en el sendero de su guitarra; Fernando Silva, un santafesino que emprende sus primeros pasos en Paraná con un bajo bajo el brazo; y Luis Barbiero, flautista, compositor y padre mater de estas músicas que, mezcladas, gestaron un grupo, Rocamadour, y un disco, Pariente del mar.
El calendario marcaba el año 1998 y el proyecto de producir, grabar y editar un material discográfico a través del sello paranaense Shagrada Medra, sedujo y unió a estos músicos alrededor de variadas ideas artísticas cobijadas por una misma concepción: crear con libertad. El resultado son trece temas compuestos por tres de los integrantes de Rocamadour (Barbiero-Drago-Verón). Cada uno de ellos nos sumerge en atmósferas sonoras que nos embarcan en sendos viajes: por los paisajes rurales (Green time o La doma), los pequeños universos que conviven en la ciudad (Paraná o Edificio Drago) , o el poderoso silencio de la catedral (Organum), donde un instrumento suena como en ningún otro espacio.
¿Géneros? Difícil de definir, afortunadamente. La diversidad, complejidad y libertad de las composiciones, impiden ubicar esta música en algún casillero. Pero la multiplicidad de timbres buscados por los músicos del grupo –a los que se suma Marcelo Orlando en corno francés y Celina Federik en arpa– convidan a un desafío que terminará en placer: disponerse a escuchar sin prejuicios, abrir los oídos y navegar. Dejarse llevar por esas imágenes dibujadas con paisajes sonoros nacidos a orillas de un río, que es pariente del mar.

Gabriela Redero
Podés conseguir este y todos los discos del sello Shagrada Medra llamando a los teléfonos: (0342) 154-187953 ó 4502561, o escribiendo a la casilla: shagradasantafe@yahoo.com.ar






La expresión “desarrollo sustentable”, creada en 1972 por el Informe Brundtland de las Naciones Unidas, ha sido asumida por los organismos internacionales y las políticas gubernamentales en todo el mundo.
Desde el comienzo, sin embargo, la expresión fue blanco de críticas debido a la contradicción entre sus dos términos. La categoría desarrollo proviene de la economía realmente existente –la capitalista–, organizada por los mercados, que hoy en día están articulados a escala mundial.
La lógica interna de esta economía es la explotación sistemática e ilimitada de todos los recursos terrestres para alcanzar tres objetivos fundamentales: aumentar la producción, expandir el consumo y generar riqueza. Esta lógica implica un lento pero progresivo agotamiento de los recursos naturales, la devastación de los ecosistemas y una considerable extinción de las especies, en el orden de tres mil anuales, diez veces más que en un normal proceso evolutivo. En términos sociales crea desigualdades crecientes ya que sustituye a la cooperación y a la solidaridad con una feroz competencia. Más de la mitad de la humanidad vive en la pobreza.
Este modelo supone la creencia en dos infinitos. El primero presume que la Tierra posee ilimitados recursos. El segundo, que el crecimiento económico puede ser infinito. Los dos son ilusorios.
La Tierra no es infinita porque es un planeta pequeño, con recursos limitados, muchos de ellos no renovables. Y si quisiéramos universalizar este tipo de crecimiento necesitaríamos el triple de los recursos que contiene nuestro planeta. Hoy nos damos cuenta de que el planeta Tierra ya no soporta la voracidad y la violencia de este modo de producción y de consumo.
Pese a las críticas, el concepto desarrollo sustentable puede ser útil para calificar un tipo de desarrollo en regiones delimitadas y en ecosistemas definidos. Postula la posibilidad de preservar el capital natural, priorizar el uso racional de los recursos y mantener la capacidad de regeneración de todo el sistema. Es posible, por ejemplo, una utilización de las riquezas naturales de la floresta amazónica de manera que conserve su integridad y permanezca abierta a las demandas de las generaciones presentes y futuras. Pero en términos de estrategias globales que abarcan todo el planeta con sus ecosistemas el paradigma utilitario, devastador y consumista imperante produce una tasa de inequidad ecológica y social insopor-table para la Tierra. La solución debe encontrarse en un nuevo paradigma de convivencia entre naturaleza, Tierra y Humanidad que otorgue centralidad a la vida, mantenga su diversidad natural y cultural y garantice el sustrato físico-químico-ecológico para su perpetuación y ulterior co-evolución.
Es aquí donde se entronca la cuestión de la ética. Hoy, como nunca antes en la historia del pensamiento la palabra “ethos” en su acepción original, ha adquirido actualidad. Ethos en griego significa morada humana, el espacio de la naturaleza que reservamos, organizamos y cuidamos para convertirlo en nuestro hábitat. Pero hoy en día ethos no es solamente la morada en que habitamos, la ciudad en que vivimos o el país al que pertenecemos. Ethos es la Casa Común, el planeta Tierra. En consecuencia, necesitamos un Ethos planetario.
El fundamento de esta nueva ética está expuesto en dos documentos. El primero –la Carta de la Tierra– es internacional y fue asumido por la Unesco en el año 2000. El segundo fue aprobado en 2002 por los ministros del Medio Ambiente latinoamericanos y se titula Manifiesto por la Vida, por una ética para la sustentabilidad. Ambos tienen mucho en común con los Objetivos para el Desarrollo del Milenio de las Naciones Unidas.
Utilizaré libremente las proposiciones de estos textos con una elaboración personal. El telón de fondo está bien expresado en la introducción de la Carta: “Las bases de la seguridad global están amenazadas”. Esta situación nos obliga a “vivir un sentido de responsabilidad universal, identificándonos con toda la comunidad de la vida terrestre así como con nuestras comunidades locales”.
La situación es tan urgente que obliga a la “humanidad a escoger su futuro. La opción es la de formar una alianza global para cuidar a la Tierra y los unos a los otros, o enfrentar nuestra destrucción y la devastación de la diversidad de la vida”.
La Tierra, la Vida y la Humanidad son expresiones de un mismo e inmenso proceso evolutivo que se inició hace trece mil millones de años y forman una única realidad compleja y diversa. La Tierra es Gaia, un superorganismo vivo. El ser humano (cuyo origen filológico viene de “humus” que equivale a tierra fértil y buena) es la propia Tierra que siente, que piensa, que ama, que cuida y que venera. La misión del ser humano, como portador de conciencia, inteligencia, voluntad y amor, es cuidar la Tierra, ser el jardinero de este espléndido jardín del Edén.
Más que hablar de desarrollo sustentable importa asegurar la sustentabilidad de la Tierra, de la vida, de la sociedad y de la Humanidad. Bien dice el Manifiesto por la Vida: “La ética de la sustentabilidad coloca la vida por encima del interés económico-político o práctico-instrumental; la ética de la sustentabilidad es una ética para la renovación permanente de la vida, de la cual todo nace, crece, enferma, muere y renace”.
El resultado de esta ética es lo que más buscamos en estos tiempos: la paz. En la definición de la Carta, la paz es “la plenitud creada mediante relaciones correctas con uno mismo, con otras personas, con otras culturas, con otras vidas, con la Tierra y con el Todo mayor del que somos parte”.

Leonardo Boff






El cielo y Margarita

Crecida a orillas del Cantábrico, mi madre recupera el mar en ese mar invertido por el que los pájaros navegan como peces fabulosos. En el sillón plegable en el fondo, cuando tiende la ropa, mientras espera que la Beltza haga su último pis de la noche, a cada rato se le ofrece la ocasión de mirar hacia arriba con los ojos claros. Por las noches dirige a las estrellas su mirada ingenua, porque no conoce sus nombres ni la forzada figura de las constelaciones. Con la mirada intacta observa las estrellas, y década tras década continúa asombrándose de su belleza. “Son puntitos de luz” le digo, y no comprende la herejía. Un hilo invisible la sujeta a la luna, la luna le pertenece, y son suyos los arco iris y las puestas de sol. Me los presta cuando me hace levantar la cabeza, pero no me hago ilusiones al respecto, el cielo es suyo.
Jamás hubo en mi casa un ave purgando condena, pero de a cientos acuden a la invitación del cuadradito de césped en el centro de la manzana, nos acompañan desde los cables de teléfono y desde los muros de las casas vecinas.
El arroz partido sobre la mesa de jardín convocó a los gorriones y las tacuaritas. Después vino un negrucho, y año a año cada negrucho trajo a su hijo que trajo a su hijo que trajo a su hijo. Y un benteveo aterrizó en el patio, y mamá descubrió que los fideos gordos son gusanos apetecibles que deben ser golpeados con esmero contra el hierro de los sillones antes de comerlos. Y una torcacita, pobrecita, mirá, está sola. Pero ahora es la paloma y sus amigas y familiares cercanos y simples conocidos. Los emisarios de las nubes se entremezclan con los arbustos y las plantas, bajan el cielo al jardín. Y Margarita cultiva flores para los raudos y chirriantes colibríes.
En su cuadrado de tierra, Margarita arma su cielo doméstico. Y el jazmín celeste se espeja, y los ojos marrones de nuestras perras se azulejan de tanto mirar para arriba imitando a su dueña. Siguen su mirada, levantan los hocicos aunque su naturaleza esté ligada al suelo. Perras que ladran a los aviones, que miran con demora el disco de la luna.
“Mirá qué lindo”, dedo señalando hacia arriba. Obediente, no me niego a la gracia de una belleza gratuita.
Otros heredarán la tierra, yo recibiré, como legado, el cielo.

Mónica Russomanno
russomannomonica@hotmail.com






Y otra canción

Qué signo lleva el amor

Hay una canción comenzada cien veces
y creo que es la imposible canción
porque cada vez que la empiezo, aparece
la voz que no alcanza mi pobre razón.
Hay una canción que se desvanece
y deja mis labios en la tentación.

Hay que vivir para ver
cómo ha sabido crecer
tanto misterio en la flor.
Hay que vivir para ver
cuánto es difícil saber
qué signo lleva el amor.

Hay una canción que se asusta de verme.
No se lo que dice, no se lo que ve
pero algo me lleva al rincón donde duerme
y me hace velarla una y otra vez.
Hay una canción que no quiere saberme
aunque deja un rastro brillante a mis pies.
Hay que vivir...

Hay una canción que se va cuando llego.
Sospecho se trata de un tema total,
un ama de llaves de todos los juegos,
un pájaro eterno, un sol colosal.
Hay una canción que me esconde su fuego,
hay una canción que será mi final.
Hay que vivir...

Silvio Rodríguez
de su disco Tríptico Vol. 3, 1985